Qué son los alimentos funcionales? Son normales o diferentes? Estos son algunos de los interrogantes que centran el debate internacional sobre la aparición de este “nuevo concepto” alimentario que surgió en Japón en los años 80 del pasado siglo y que se ha extendido a los Estados Unidos y a Europa, en ese orden.

Los alimentos funcionales se pueden definir de forma general como: “aquellos que se consumen como parte de una dieta normal y contienen componentes biológicamente activos, que ofrecen beneficios para la salud y reducen el riesgo de sufrir enfermedades”. (1)

Otras fuentes precisan todavía más: “(…) proporcionan un efecto benéfico para la salud, más allá de su valor nutricional básico, y que no constituyen un grupo de alimentos como tal, sino que resultan de la adición, sustitución o eliminación de ciertos componentes a los alimentos habituales”. (2)

“Sobre la base nutricional de un alimento convencional se añade,  modifica, sustituye o reduce algún nutriente o elemento que hace que este producto, que tiene una función nutritiva, organoléptica o gastronómica convencional, tenga una función en relación con alguna parte de nuestro organismo, un elemento diana muy preciso”, explica el  presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, Javier Aranceta. (3)

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Alertamos a nuestros lectores que no confundan a los alimentos funcionales con los suplementos alimenticios o dietéticos, que no son alimentos convencionales.

Las características fundamentales que debe cumplir un alimento para considerarse funcional son:

  • Se trata de un alimento convencional o de uso diario. No son comprimidos, ni cápsulas, ni ninguna otra forma de suplemento alimenticio.
  • Se consumen como parte de una dieta normal o usual.
  • Están compuestos por componentes naturales (en oposición a los sintéticos) aunque es posible que se encuentren en concentraciones no naturales o en alimentos que normalmente no los contienen.
  • Ejercen un efecto positivo en funciones orgánicas, más allá de su valor nutritivo básico.
  • Mejoran el estado de salud y/o reducen el riesgo de enfermedad, o aportan beneficios para la salud, como la mejora de la calidad de vida, que incluye el rendimiento físico, psicológico y de comportamiento. (4)

De acuerdo con la Revista Española de Salud Pública, los alimentos funcionales más relevantes y sobre los que recae la más sólida evidencia científica son los probióticos, microorganismos vivos representados fundamentalmente por los derivados lácteos fermentados. Los prebióticos, como los fructanos tipo inulina, son el sustrato trófico de los probióticos y potenciales selectores de la flora colónica. La asociación de un prebiótico y un probiótico se denomina simbiótico (5)

Científicos de diferentes partes del mundo afirman que algunos alimentos y sus componentes tienen influencia benéfica en las personas por aportar nutrientes básicos, es por ello –afirman- que es importante consumirlos para prevenir diversas enfermedades y garantizar la calidad de vida.  A raíz del surgimiento y desarrollo del concepto de “alimentos funcionales” surgen los de nutrición positiva u óptima.

Se están desarrollando nuevos alimentos que añaden o amplían estos componentes beneficiosos, por las ventajas que suponen para la salud y sus convenientes efectos psicológicos. Entre ellos cuentan: frutas, verduras, soja, otros granos y la leche enriquecida con omega 3, calcio, ácidos oleico y fólico, vitaminas A y D, y fósforo y zinc.

A los antes mencionados se suman los yogures enriquecidos con calcio, leches fermentadas con bacterias probióticas, zumos, huevos, pan y margarinas enriquecidos,  cereales fortificados y sal yodada.

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Regulaciones sobre los Alimentos Funcionales

Japón está por delante del resto del mundo en este aspecto. En 1991, se estableció el concepto de “Alimentos para Uso Específico en la Salud. Sin embargo, en la Unión Europea no existe una legislación armonizada sobre las alegaciones de salud, y por lo tanto las cuestiones relativas a dichas alegaciones se resuelven a nivel nacional. En Estados Unidos se permite desde 1993 que se aleguen propiedades “que reducen el riesgo de padecer enfermedades” en ciertos alimentos. Las “alegaciones de salud” están autorizadas por la Administración para Alimentos y Medicamentos. (6)

Conclusión

Los alimentos funcionales, consumidos como parte de una dieta equilibrada y acompañados de un estilo de vida saludable, ayudan a mejorar la salud y prevenir enfermedades. Actúan a varios niveles, modifican y equilibran algunas funciones en nuestro organismo, regulan el estrés emocional y reducen el apetito. Si deseáis saber más sobre este interesante tema consulte a un especialista que os podrá guiar y mostrar la mejor forma de introducir estos nutrientes en vuestra dieta.

Nuestro consejo es que comáis productos de buena calidad, ecológicos y de proximidad.

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Bibliografía digital:
  1.  http://www.eufic.org/article/es/page/BARCHIVE/expid/basics-alimentos-funcionales/
  2.  http://www.revistavirtualpro.com/biblioteca/alimentos-funcionales-aproximacion-a-una-nueva-alimentacion
  3.  http://www.efesalud.com/noticias/alimentos-funcionales-dianas-terapeuticas/
  4.  http://www.nusa.es/informacion-cientifica/alimentos-funcionales/
  5.  http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1135-57272003000300003&script=sci_arttext
  6.  http://www.eufic.org/article/es/page/BARCHIVE/expid/basics-alimentos-funcionales/
 Imágenes:
  1. Foto destacada: www.fundaciondelcorazon.com
  2. Cesta: sukarne.com
  3. Desayuno: www.masciencia.info
  4. Alimentos: www.ellahoy.es
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